lunes, 5 de febrero de 2007

Capitulo 6: Las mujeres son ángeles. (relata Egro - dibuja Marcos "Laky" Luc)


- ¡Ay! ¡Moisés! – grité mientras me tapaba la nariz.
- ¡Bueno! No me aguanté – contestó el muy asqueroso.
Me metí abajo del agua y salí hacia la superficie, el pibe me hace una seña, me acerco nadando.
- ya se fueron – me dijo.
Volví a buscar a Moisés y salimos del agua. En el apuro me metí con el sobretodo, ahora parecía que llevaba un tipo a cococho de lo pesado que estaba mi ropa.
Le agradecimos al pibe y ni se enteró, ese chico parecía vivir en el agua.
Empezamos a caminar por la orilla del río, no queríamos que nos vieran, seguro que todavía andaban por ahí.
Mientras vamos caminando por un caminito que, al parecer, se había formado por el constante paso de gente. Alcanzo a divisar el puente y logro reconocer a dos de los hombres de Moralez, empujo a Moisés para que se tire al piso, al caer golpea su pera en una roca bastante grande, se retuerce, no grita, al parecer entendió por qué lo empujé. Siento un ruido entre la vegetación y me quedo inmóvil. Más adelante salen dos hombres más, no miraron hacia atrás, mi corazón retumba, Moisés no deja de frotarse la pera. Los hombres se hacen señas con los que están en el puente, estos se suben a un vehículo y dan una vuelta en U, los que están abajo llegan al puente, discuten, uno amaga con pegarle al otro y comienzan a caminar hacia el pueblo.
- levantate Moisés, tenemos que llegar a la ruta, pero no se si es bueno hacerlo por acá.
- La próxima vez decime que me tire al piso en vez de pecharme hijo de puta – Moisés me sorprendió, creo que es la primera vez que me insulta de esa forma.
Llegamos al puente y de repente, de atrás de un árbol se me tira encima un tipo, rodamos hasta el río y caemos dentro de él, me pega una trompada, me sumerge e intenta ahogarme, yo no puedo defenderme, aún estoy estupefacto. De un momento para otro el tipo me suelta, saco mi cabeza fuera del agua y respiro, Moisés tiene una gran rama en la mano, el que me estaba golpeando ahora yacía al costado del río sangrando por su frente, respira, está vivo, aunque si dije que respira es al vicio aclarar que está vivo, pero es como un reflejo: “se mueve, está vivo” “el corazón le late, está vivo” ¿Me explico?
Siento un grito, nos vieron los dos que se fueron al pueblo, siempre andaban de a dos, me extrañó que me haya atacado sólo uno. Trepamos al puente y comenzamos a correr por la ruta, otra vez disparos, nunca en mi vida había escuchado tantos disparos en tan poco tiempo y todos dirigidos hacia Moisés y yo. Moisés va delante de mí, un auto frena bruscamente haciendo chirriar sus gomas y una voz de mujer grita que subamos. Moisés se tira por la ventanilla de acompañante y yo abro la puerta de atrás, un disparo destruye el vidrio de la luneta, me hago un bollo en el asiento, el auto arranca y la mujer nos pregunta si estamos bien.
- creo que si – contesto - ¿estás bien Moisés?
- Si, pero creo que se me está hinchando la pera.
- Llegué justo, quizás esos tipos no los alcanzaran, pero seguro están viniendo los dos que crucé mientras venía para acá, estos les van a avisar y se van a venir como un rayo hacia nosotros – la mujer hablaba y maniobraba, íbamos pasando autos y colectivos como si fueran postes.
- ¿Y vos quién sos? – le preguntó Moisés.
- Después les explico, pónganse los cinturones de seguridad, vamos a Valle Hermoso sin escalas.
- Esperá – le grité – en vez de Valle Hermoso podrías llevarnos a La Falda, tenemos que ir al hotel Edén.
- ¿Qué te creés que soy un remis yo? Los dejo en la entrada, al hotel llegan ustedes – la conductora no sacaba la mirada de la ruta y el auto se bamboleaba de un lado al otro, era muy bonita, y el baboso de Moisés no dejaba de mirarla.
- Al lado tuyo hay una mochila, es para ustedes, abrila – me dijo mirándome con sus bellos ojos por el espejo retrovisor.
- ¡Que asco! ¡Acá hay una toalla femenina usada!
- Ah, si, esa es mi cartera, la mochila está en el suelo.
De la mochila saqué una bolsa de tela, marrón, un cordón la mantenía cerrada, lo desato, me quedé sin aire del asombro, Moisés se dio cuenta y, aún no entiendo como hizo, me metió una patada en el pecho, lancé un quejido y la respiración volvió.
- ¿Qué te pasó? ¿qué hay en la bolsa? – me preguntaba Moisés mientras su pierna volvía hacia la parte de adelante del vehículo.
- Es… es…¡El medallón!
- Si, me dijeron que eran bastante estúpidos, el tipo del bar les dijo que era el guardián del medallón y ustedes se fueron sin él. Ahora, hubo que inventar un personaje para que apareciera en el auto y les trajera el medallón y los salvara de los tipos que los venían siguiendo, aparte también por todo esto del machismo y el feminismo, ya hay mujeres quejándose de que no hay mujeres en esta historia – explicó la mujer y agregó – buscá en la mochila, hay algo más para ustedes.
- ¡Es un teléfono celular! Siempre quisimos tener celular – exclamé y a Moisés se le escapó una lágrima.
- Si, es para que se comuniquen conmigo apenas lleguen al hotel, antes de entrar marcarán el uno y la tecla numeral, me llamará automáticamente, les daré instrucciones, estamos en La Falda, bajen y apúrense – dijo mientras estacionaba el auto a tres metros del cordón de la vereda.
Corrimos hacia una calle que no fuera la principal, preguntamos en un almacén como llegar al hotel y una señora nos indicó, teníamos bastante por caminar.
Moisés me recordó que teníamos los $10 así que compramos unos sándwiches y una gaseosa y arrancamos para el hotel.
No podía creer que tenía el medallón en mis manos, aunque el tipo del bar nos dijo que el medallón no era importante, ahora faltaba descubrir que era eso de la Remolacha Suprema.
- Egro, que sándwiches de mierda compraste.
- Si, la verdad es que están fieros che.
- ¡Egro! ¡Cuidado! – los ojos de Moisés se abrieron de tal forma que podrían haberse salido de sus cuencos. Dándole un trago a la gaseosa me di vuelta y lo vi... mi naríz parecía una cascada y en la parte de atrás de mis pantalones se formó un bulto.

domingo, 14 de enero de 2007

Capitulo 5 - El Bar de la Montaña (relata Egro - dibuja Marcos "Laky" Luc)


Legamos a Baillet Massé, lindo lugar, el aire, la tranquilidad, en estos lugares solía vacacionar con mis abuelos de niño, no recordaba a nadie que hubiera conocido en esas épocas pero el lugar era idéntico. Le dije a Moisés que fuéramos por la ruta, por ahí llegaríamos al viejo cine, por lo que yo recordaba, cuando yo venía aquí el cine ya no estaba en funcionamiento, lo más probable es que ahora fuera algún tipo de almacén o que ni siquiera el edificio estuviera en pie.
- che Egro, podríamos comprar algo para comer
- las últimas monedas que teníamos las gasté en el colectivo, no hay más plata – le expliqué a Moisés mientras las imágenes me llevaban a mi más tierna edad.
Mientras me observaba corriendo por esas calles y el nudo de mi garganta iba creciendo sentí un fuerte dolor en el sector derecho de mi cabeza, al parecer mi vista se nublo un par de segundos y caí de culo al piso.
- mirá, alguien nos hace señas desde ese camino que al parecer da al río – me señaló Moisés.
- ¡Hijo de puta te voy a matar! – grité furioso al ser que se perdía con el paisaje.
- Nonono, parece que te tiró esa piedra para que lo sigamos, debe ser el nieto del viejo hippie de la montaña.
- podría haber silbado en vez de tirarme con este pedazo de adoquín.
Lo seguimos, parecía que nos llevaba a un lugar seguro y oculto, el camino, si bien parecía un callejón habitado, sugería privacidad. Efectivamente, otra vez me equivoqué, yo debo ver demasiadas películas, todo lo que supongo termina siendo algo mucho más bizarro e insalubre, aparecimos en medio del balneario donde estaba lleno de gente, se nos acercó este personaje. Era un pibe de alrededor 15 años, con rastas, en cuero, con un jean improvisando una bermuda desflecada.
- hola, está lindo el río, vamos – nos dijo y corrió a zambullirse.
- Este pendejo no sabe quien nos está persiguiendo – antes de que termine de hablar me dí cuenta que Moisés ya se había puesto en cuero y estaba en el aire haciendo una “bomba” (acto de saltar para luego tomarse las pantorrillas formando una especie de posición fetal compacta en el aire, esto provoca que la caída cause un sonido y un estallido líquido que emula una bomba humana) para luego caer en el agua..
Me saqué el sobretodo y me metí con ellos, el pibe se acercó, se sumergió y luego de unos segundos salió a la superficie, con mocos que le caían de la nariz, los cuales se limpió con la lengua, hice una arcada, me entregó una caja de madera, pequeña, como un alajero… pequeño, era de madera, tenía un candado, pequeño, el pibe me dio una llave pequeña y se fue, nadando hasta un vado, 2gracias… pequeño” pensé, Moisés no paraba de tirarse de todas las formas que conocía: bomba y parado.
- vamos Moisés, creo que tengo el medallón – le dije mientras salía del agua.
- ¡Una más, una más! – me gritaba, a veces Moisés parecía un niño.
Me puse el sobretodo, es casi imposible describir lo incómodo que era tener los pantalones largos y la camisa totalmente mojados y arriba, ponerme el sobretodo.
Abrimos la pequeña caja, una soberana puteada de aproximadamente quince minutos salió disparada de mi boca, casi sin control, dije palabras que ni yo conocía, en la caja no estaba el medallón, había $10 y una nota.
Querido viajero, viendo y considerando que al comienzo de este viaje ya has encontrado a las personas que te empujen hacia esta travesía que te dejará parado en pilares tan delgados como el filo de un bisturí, debes entender que esto que tienes en la mano no son simples objetos, la caja esta hecha con madera del árbol más antiguo del mundo, adentro verás que hay un billete de de la moneda actual de la época, cada vez que el día se renueve habrá uno allí, no son acumulativos, nunca encontrarás más dinero que ese, la caja se actualiza automáticamente conforme cambie el valor del dinero en un radio de quince kilómetros. Lo primero que harás es ir un bar que se encuentra en la montaña, en el sector del puente por el cual sales de esta localidad, no te asustes viajero, el bar no es visible para todos, debes encontrar el lugar exacto donde podrás introducirte al bar, recuerda siempre esto, el bar no esta sobre la montaña, está dentro de ella.
Buena suerte y hasta luego.
- no entendí un sorete – comenté mientras hacía un bollo el papel y me lo metía en el culo.
- Es fácil Egro – contestó Moisés y yo lo miré esperando escuchar alguna gansada – es como en Harry Potter, cuando van a la escuela, la plataforma de ellos no se ve, pero ellos pueden pasar, nosotros tenemos que encontrar la entrada en esa parte de la montaña.
Efectivamente, Moisés también veía demasiadas películas, yo, ateniéndome a los antecedentes de mis deducciones, dejé que Moisés lo intentara, así se desengañaba con que esas cosas solo pasan en la ficción, o sea, eso de andar adivinando lo que va a pasar.
Llegamos al puente, no alcancé a apoyarme en ella cuando Moisés se reventó el hombro contra un pedazo de piedra mica. Otra vez más allá, pensé que esto estaba llegando muy lejos, Moisés empezaba a sangrar, el valor de la información empezaba a encarecerse. En el momento que me acerco para frenarlo, increíblemente pasa de largo y desaparece, mis ojos estaban tan abiertos del asombro que un cascarudo de esos amarillitos me pegó en la pupila y me dejó ardiendo de una forma insoportable. Me metí, era un bar, oscuro, frío, tendría aproximadamente dos mesas, o tres, había una que no se si contaba como mesa, en realidad estaba rota, pero era una mesa, o sea, había dos mesas que estaban siendo utilizadas y esa, la tercera, que según como se mire era una mesa, pero no era una mesa con el significado de un bar, a ver, no se si me explico, bueno, pasemos a la barra, era una barra común, desgastada, con hongos propios de la humedad, pero el olor de aquel lugar no era a humedad si no similar al aroma de la lluvia antes de llegar, tierra mojada que le dicen, el cantinero pasaba un trapo, limpiando la superficie. En una de las mesas había una mujer, muy particular, con la mirada fija en su vaso de vino, su cara poblada de arrugas y su vestimenta deteriorada. En la otra mesa estaba Moisés sobándose el brazo, me acerco al cantinero, saco la caja para buscar esos $10 y el tipo la mira perplejo.
- no señor, usted no necesita dinero aquí – me dijo mientras sacaba una botella de whisky de una repisa avejentada que era ocupada por unas cuantas botellas llenas de tierra.
Sirve tres vasos y me hace señas de que lo siga, sale de atrás de la barra y se sienta en la misma mesa donde estaba Moisés.
- ¿Ustedes están seguros de lo que están haciendo? – nos preguntó mientras miraba a su alrededor como si no quisiera que nadie lo escuche, como si, aparte de la mujer de la otra mesa hubiera habido más personas.
- No – dijo Moisés mientras le daba un soberano trago al whisky.
- Ya traigo la botella – rezongó el tipo mientras se levantaba y se iba para la barra.
- En realidad no se si estamos seguros, ni siquiera si sabemos en lo que nos metemos, yo conozco a Moralez, hasta ahí puedo ser conciente del peligro que corro y de que moví aguas que no tendría que haber movido, están pasando cosas que yo no imaginaba – le expliqué y probé, talvez la bebida más exquisita que había probado en mi vida.
- No se quien es Moralez, y todavía no han pasado nada, ustedes son ahora dos hombres comunes, inexpertos, débiles, en síntesis, unos pelotudos, pero a medida que puedan seguir este viaje, el cual puede terminar ya o llegar a su fin, van a adquirir herramientas y conocimientos que los van a ayudar y mucho, tienen que ser concientes de que no volverán a ser los mismos.
- ¡Hurra! – gritó Moisés, quizás no se sentía conforme de quien era, por otro lado, ya había tomado cuatro vasos de whisky, a decir verdad, no se si yo tampoco estaba conforme con lo que me tocó ser.
- Pero, ¿usted quién es? ¿qué significa este bar? ¿Cómo puede estar tan bueno esto que estamos tomando? – cuestioné con la lengua un poco fuera de control.
- Yo soy el guardián del medallón, sabrás que el medallón solo es el primer indicio, el medallón no significa nada más que una señal, su poder es ínfimo puesto al lado de la… - volvió a mirar para todos lados, se acercó para hablar más bajo – Remolacha Suprema.
Un silencio espectral invadió el bar, bueno, el silencio había sido siempre espectral, salvo que Moisés dejó de cantar “cachete con cachete, pechito con pechito” y se volvió a sentar en su silla.
- ¿La remoqué suqué? – preguntó Moisés tratando de apollarse con un codo en el borde de la mesa.
- Lacha prema – le dijo el cantinero y nos siguió explicando – este es un bar solo para viajeros especiales, esa mujer que está en la otra mesa es doña Jovita.
- Pero ¿doña Jovita no es un hombre? ¿Y qué tipo de viaje está haciendo? – pregunté mirando a la vieja, si, era doña Jovita.
- Ningún viaje, pero me hace cagar de risa cuando no está borracho - el tipo nos seguía sirviendo whisky y la botella siempre tenía el mismo nivel de liquido.
- Y este whisky, en ningún lugar van a encontrar esto, esta botella produce un whisky que al tomar contacto con la lengua transforma su sabor y es imposible que no sea sabroso para cualquiera, ahora váyanse, tienen que llegar urgente al hotel Eden de La Falda, no les puedo explicar lo que los espera allá, no voy a decir una palabra más, salgan de aquí y encuentren la forma de llegar antes del mediodía de mañana.
Agarré a Moisés y lo saqué de ahí, estaba acelerado pero su cuerpo no respondía, apenas salimos vi pasar uno de los coches de los hombres de Moralez, seguro que detrás vendría otro. Cruzamos corriendo, bueno, yo corriendo y Moisés colgado de mi cuello, aparece otro de los vehículos a gran velocidad y al vernos se nos tira encima, me tiro a un costado y a Moisés se le pasó el pedo del susto, el auto frenó y empezó a hacer marcha atrás, corrimos hacia el pueblo nuevamente, comenzaron los disparos. La gente empezó a cerrar las ventanas y las puertas, bajamos hacia el río, mientras cruzábamos Moisés vomitó, en mi pantalón, y se sucedieron los disparos, estaban muy cerca, por suerte no tenían puntería, por el otro lado corrimos hasta el balneario donde el pibe nos dio la cajita y lo vimos, nos hizo una seña y nos metimos al agua, Moisés haciendo bomba, obvio.
El muchacho nos hizo meter dentro de las compuertas del vado, abajo del agua, y ahí nos quedamos, rogando que no nos encuentren, Moisés se veía relajado, con los ojos a medio cerrar y algo salió flotando a su lado, algo marrón, entonces nos invadió un terrible hedor. Efectivamente, Moisés no eligió mejor lugar para cagarse que ese, cerrado, con poco oxígeno y sin posibilidades de salir, cuando empiezo a dudar si era el compañero que necesito, otro sorete emerge. El viaje va a ser duro ¿Serémos los indicados?

jueves, 4 de enero de 2007

Capitulo 4: El Viejo y los cubiertos (relata Egro - dibuja Marcos "Laky" Luc)


Pasó el tiempo, poco a poco nos fuimos conociendo, él era tan inocente, yo era tan estúpido, y a medida que transcurrieron los años fuimos siendo tan inocentes y estúpidos respectivamente y nunca cambiamos. Moisés siempre estuvo a mi lado, siempre me acompañó, siempre se tuvo que aguantar todos mis reproches, mis chirlos en la nuca, los pedos que me tiraba en la carpa cuando nos íbamos de vacaciones, mis ronquidos, mi cara de culo al levantarme, mi cara de culo al acostarme, mi cara de culo cuando él estaba en el baño, mi cara de culo cuando… claro, ahora que pienso… no es extraño que ninguna mujer durara más de dos semanas conmigo.
No podía tolerar que Moisés estuviera tirado a unos metros de donde estaba yo, el corazón me latía tan fuerte y rápido, pero no había tiempo, tenía que ver como estaba, quizás aún había esperanzas, tenía que haberlas. Seguí avanzando, ya casi sin fuerzas, con terribles dolores en absolutamente todo el cuerpo. Dos disparos más se escucharon y sentí los zumbidos tan cerca de mí que casi dejo todo el asado que había comido en el camino, el susto casi hace que digiriera todo más rápido de lo normal e inmediatamente lo expulse por mi recto haciéndolo deslizar entre mis pantalones dejando así un sendero de desperdicios tras de mi, no soy químico, ni médico, ni nada de eso, no se nada de anatomía, ni de sistemas reproductores, ni nada, pero sí puedo asegurar que casi me cago por los zumbidos, no se, es una cuestión de sentimientos, pasó uno, pasó el otro y sentí que salía, sentí que se asomaba, llámenme fantasioso, yo sentí la caca, y si no salió fue porque alcancé a retenerla. Un tercer disparo se escuchó y me cagué, tanto retenerlo, fue algo inexplicable, salió todo antes de que escuchara el zumbido, o sea, no se si son concientes de lo que les estoy diciendo, no soy físico, ni policía, pero sé lo que es la velocidad de una bala, y yo sentí el disparo, me cagué y luego el zumbido, increíble: disparo – caca – zumbido. La única ventaja es que al salir tan fuerte hizo una especie de propulsión y yo llegué hasta donde estaba Moisés, pobrecito, ahí tirado, me tiré a su lado y me corté el codo con una quijada de vaca, no se que podría haber estado haciendo una quijada de vaca ahí, la cuestión es que me cortó, sé encontrarle la ventaja a cualquier situación, y esta me cortó y así se salieron 45 espinas que tenía encarnadas en el codo, difícil de creer, 45 espinas en el codo, ni yo lo hubiera creído, no soy cirujano ni nada de… ¡Moisés respiraba!
- ¡Moisés! ¡Estás vivo! – grité tan fuerte que espeté una flatulencia, al parecer había quedado flojo pero adentro ya no había nada.
- Si ¿Porqué no habría de estarlo? – preguntó él, parecía que no sabía qué le había pasado.
- Dejame verte ¿no te duele nada? Fijate – le decía yo mientras lo revisaba de arriba abajo.
- ¡Egro! ¡Egro dejá de manosearme!
- ¡¿dónde te pegaron?!
- en ningún lado, sentí un disparo y me tiré al piso.
- Pedazo de julepe me hiciste pegar.
- Bueno, la próxima te aviso cuando me esté por tirar al piso para protegerme.
- Así me gusta, dale que tenemos que apurarnos, aparte hay un montón de gente enojada porque este capitulo sale tarde.
Los disparos se sucedían cada vez más seguidos y cada vez se escuchaban más cerca.
Empezamos a correr hacia la primera pata de la M de la montaña, ahí debía estar el medallón y era crucial que lo encontráramos antes nosotros. Estábamos llegando y una luz me encandiló dejándome casi ciego, venía de más arriba.
- ¡Acá hay un pozo! Alguien ya estuvo acá – dijo Moisés mientras yo me refregaba los ojos y me rascaba el testículo izquierdo.
- Si, fui yo – contestó un viejito que estaba mas arriba – pero el medallón ya no está ahí.
- ¡no puede ser! – grite – tiene que estar acá, yo lo sé, y si no fuera por el pelotudo de Moisés tendríamos que ser los únicos en saberlo.
- Estaba ahí – agregó el viejo – lo saqué, se lo di a mi hijo para que se lo lleve, y no son los únicos que saben del medallón ni de lo que significa. Los templarios ya buscaban el medallón, toda la vida se buscó el medallón, y sé quien sos y porqué buscás el medallón.
- Primero – dijo Moisés – lo de los templarios ya está trillado y segundo ¿¡Cómo pudo decir tantas veces la palabra medallón por el amor del cielo!?
- Vengan, vengan a mi guarida – dijo el viejo mientras se metía en un pozo.
- Debe ser alguna especie de casa subterránea – le expliqué a Moisés.
No, era un pozo, un simple y sucio pozo, de pedo entrábamos los tres, Moisés casi se larga a llorar cuando vio un cascarudo topo, el viejo tapó con unas ramas y pidió que hagamos silencio.
- hagan silencio – dijo.
- Señor, eso ya lo expliqué en el relato, no hace falta que lo diga, aparte una frase así de corta al pedo ocupa todo un renglón y ya había dicho yo que usted había dicho que nosotros no dijéramos nada – contesté.
Unas voces se escucharon afuera del pozo.
- no se pueden haber ido tan lejos, tendrían que estar por acá señor – decía una de ellas muy cerca nuestro.
- ¡La puta madre! ¡Son unos inútiles! ¿Será posible que en esta historia también caigan en la vulgaridad de poner lacayos estúpidos junto al villano? – esa era la voz de Moralez.
- Señor disculpe, pero mi coeficiente intelectual es de 198, el de Jorge es mayor aún, somos egresados con medalla de honor de Harvard todos y cada uno de nosotros, si en vez de ponernos a pensar, a diagramar un plan o algo parecido, nos da una pistola y nos hace trepar una montaña es porque el que no es muy despierto es usted, con todo respeto se lo digo.
- ¡Buenobuenobueno! Esteeee… ¡Vuelvan a la casa! Nos vamos, hay que encontrar a esos estúpidos o por lo menos averiguar donde llevan el medallón.
Se fueron, salimos del pozo muy rápido, el viejo parecía que hacía años que no se bañaba, nos llevó a una cabaña y nos dio un cuchillo y un tenedor.
- esto fue construido con la misma plata de la que esta hecho el medallón, es muy poderoso – explicaba mientras limpiaba los cubiertos.
- Pero, el medallón, según sé, no es el que contiene el verdadero poder, sólo nos guiará hacia donde está escondido la verdadera fuente de
- ¿Alguna vez te callás la boca? – me interrumpió el viejo - ¡Y dejá de decir “me interrumpió el viejo” “dijo Moisés” “contestó Fulanito”! con estos cubiertos podrás alimentarse sin gastar dinero, su viaje es demasiado largo y llegarán a lugares que nunca imaginaron. Solo clavando este cuchillo en cualquier animal este morirá instantáneamente, perderá la piel y en su interior los órganos quedaran todos adentro de bolsitas, así como venden el pollo en las pollerías ¿Entendés?
- Si
- ¡Callate! Bueno, luego, tendrás que clavar el tenedor, esto provocará que la carne quede al punto de cocción necesario y condimentado, listo para deleitarlos con un banquete. Hay algo que deben recordar, nunca, pero nunca, lo claven en un ser humano.
- ¿Por qué? – preguntó Moisés.
- Porque los cubiertos pierden todo su poder inmediatamente al introducirse en la piel humana, aparte los van a cagar a trompadas.
El viejo nos dio los cubiertos, nos preparo unas chipacas con chicharrón en una bolsita y nos dijo que fuéramos a Bialet Masse, al cine viejo, que esta a metros de la ruta, ahí nos esperaría su hijo.
Bajamos la montaña por el otro extremo para que Moralez no nos viera, sentimos un disparo y nos escondimos, ya estabamos bastante distanciados de la cabaña, pero pudimos ver salir a dos de los hombres de Moralez “pobre viejo” dijo Moisés afligido y escupiendo migas de chipaca. Corrimos hasta la ruta, me metí en una estación de servicio y me lavé, el olor era insoportable, parece que no era el pobre viejo el que apestaba, Moisés sacó algunas cremas de enjuague y un par de preservativos de la maquina que estaba rota y salimos, teníamos que tomar un colectivo, era urgente, Moralez nos pisaba los talones.

lunes, 11 de diciembre de 2006

Capitulo 3 - Primer Encuentro (relata Egro - dibuja Marcos "Laky" Luc)


Una noche perfecta, estrellada, fresca, silenciosa, con Ricky Martin de fondo, yo estaba relajado, Moisés, bueno, el hilo de saliva que colgaba de su boca ya iba tornándose sólido, un poco de sangre en sus labios y una mancha de coca cola en su remera, si, cuando cruzamos el peaje paramos en la estación de servicio a orinar, defecar, lavarnos los dientes, las axilas, las partes nobles, peinarnos, ponerle agua al radiador, inflar las gomas, limpiar los vidrios, en fin, todo lo que en casa no hacíamos, de paso, pedimos una gaseosa de medio litro y nos fuimos sin pagar. A mi siempre me gustó hacerle bromas a Moisés, justo cuando el estaba por tomar yo aceleré y se tiró lo que quedaba en la botella encima.
La autopista estaba muy oscura, de repente, Moisés se despertó y balbuceó algo, su aliento hizo saltar el CD.
- che, prendé las luces – dijo mientras mi estómago se revolvía de milo maneras.
- Si, era para que no te molesten mientras dormías – dije yo disimulando, en realidad me había equivocado y hacía varios kilómetros que el limpiaparabrisas danzaba frente a mi, es que las perillas estaban juntas, o sea, a cualquiera le puede pasar, un amigo mío se fue hasta Jesús María con el freno de manos puesto “¿ese no fuiste vos?” ¡ya te dije mil veces que no te metas cuando relato Moisés! Si, fui yo ¿ustedes son perfectos? Pensaba que le pasaba algo al auto y cuando llegué al mecánico, este sacó el freno de mano y me cobró $159.
- ¿Por qué vamos escuchando Ricky Martin? – dijo Moisés mientras le daba un mordisco al sándwich de milanesa que, tres días atrás, se me había caido abajo del asiento.
- Tuve un sueño, creo que era algo revelador, tiene que ver con lo que vamos a buscar, si uno presta la debida atención a los mensajes de la mente, hay puertas que se pueden abrir, puertas que antes eran invisibles a nuestros ojos. Estoy tratando de mirar hacia mi interior para llegar más allá de mis…
- ¡Frená que quiero vomitar! – el sándwich le movió las estanterías a Moisés mi segundo discurso importante.
Al costado de la ruta, mientras Moisés intentaba devolver la podredumbre sentí una presencia. Me acerqué a un alambrado que rodeaba un terreno, me agaché para cruzarlo y me pegó tal patada que me cimbró hasta el huesito dulce y un dóberman que parecía un pony se me prendió del tobillo y parecía dispuesto a no soltarlo. Tanteando el suelo me pinché unas quince veces cada mano con los cardos hasta que encontré una rama gruesa, le pegué con todas mis fuerzas, lanzó un gemido y me soltó, en cuestión de milésimas de segundo se ensañó con mi otro tobillo. Decidí que era momento de sacar la salchicha que tenía en el bolsillo del sobretodo, con increíble rapidez me la comí, no quería morir sin saborearla, era Vienissima.
- ¡Juiiiiiira perro! – oí gritar a Moisés y luego sentí qu el animal se alejaba, el perro también. me levanté a duras penas, frustrado, era la segunda vez que Moisés encontraba la solución a un problema y yo no.
- Manejá vos Moisés, me duelen mucho los pies y creo que la salchicha estaba vencida – le dije mientras me dejaba caer en el asiento de acompañantes.
- Bueno – dijo él – pero yo necesito colgar una foto de la virgencita en el espejo retrovisor.
- ¡Esa es una foto de mi hermanita degenerado! – puse el grito en el cielo raso, mi hermanita tenía apenas 18 añitos.
- Por eso ¿o insinuás que ya no es virgencita? – dijo el sin dejar de mirar la ruta.
De un zarpazo saqué la foto y la guardé, me dormí, los pensamientos rondaban mi mente y desfilaban uno tras otro “tu, loca manía, has sido mía, solo una vez, dulce ironía, fuego de noche, nieve de día” “¿Lograremos llegar antes que Moralez a destino?”“¡Qué buena está la Luciana Salazar!”
Otro sueño me invadió, otro extraño sueño: En una especie de sauna, con un vapor que no me dejaba ver ni la mano, aparece un Ricky Martin más agresivo, con una ceja levantada y una actitud más violenta, la misma era aplacada con una piel brillante y una toalla rosa atada a la cintura, firme, voraz, siempre sin dejar de mirarme la entrepierna, gritó “¡Fuego contra fuego es amar, fuego del que no puedo escapar, donde nadie oye mi voz, ahí te espero yo!”, se dio vuelta y se fue rezongando “un, dos, tres, alé, alé, alé”.
Desperté, vi que el auto estaba detenido, Moisés compraba algo en un kiosco en la entrada de Carlos Paz, le grité que me compre cigarrillos, luego de recibir una pequeña de Danonino y un marlboro 20 box salió corriendo hacia el auto “¡jeje! Otra vez el truco de salir corriendo, este Moisés es uno…” mientras pensaba eso observaba como se acercaba el kiosquero a mi ventanilla “Moisés va a arrancar antes que llegue” decía para mis adentros. El auto comenzó a moverse cuando el kiosquero acababa de pegarme la séptima trompada en mi pómulo derecho.
- ¡¿Porqué tardaste tanto Moisés?! – le grité si dejar de frotarme mi dolorido rostro.
- Si tomo con el auto en movimiento me hace mal.
Fuimos por la avenida Carcano hasta llegar a una calle sin nombre, dicha calle se cortaba con el comienzo de la montaña mágica, la inmensa letra M se veía imponente.
Al bajar del auto utilicé el larga vista de mi View Master y, como lo sospechaba, no se veía nada, me habían advertido que eran solo juguetes pero Moisés me convenció de comprarlo.
Mis tobillos aún latían, el dolor era insoportable pero no podía esperar, seguramente Moralez estaba cerca.
- Hola Egro – la voz de Moralez entró en mi como una sentencia, sentí que todo se desmoronaba.
- Hola Oscar ¿De dónde saliste? – le pregunté mientras prendía un cigarrillo.
- Sabés que tengo infinidad de propiedades, esta es una de ellas – contestó mientras señalaba una especie de mansión, justo en frente de donde Moisés había estacionado nuestro vehículo.
- Llegaste antes, supongo que ya tenés lacayos subiendo la montaña.
- No es necesario, voy a subir yo, luego del asado que estamos por comer, no te quiero matar Egro, todavía algo de cariño te tengo, no me obligués, volvete que Moisés debe estar preocupado por vos.
- Sus palabras me hicieron caer en cuenta de que Moisés no había estado presente desde antes que Moralez me sorprendiera, una leve esperanza alimentó mi ánimo “quizás lo vio y se fue a la montaña” pensé, aunque conociendo a Moisés tenía mis serias dudas de que en realidad se hubiera ido corriendo hasta Córdoba.
- Ok Oscar, ganaste esta vez.
- ¿Seguro no querés asado? Está casi listo.
- Esteeeee… – era necesario que demuestre dureza, inflexibilidad - Bueno, pero no voy a tomar vino.
El parque trasero de la casa daba a la montaña, mientras le entraba a una costilla, vi la camisa amarilla de Moisés subiendo la montaña, los nervios hicieron que escupa el hueso y siete pistolas apuntaron hacia mi cabeza.
- tranquilos muchachos – les dijo Moralez siempre con el vaso de whisky en la mano – acompañen al muchacho al auto, ya comió bastante y tiene que volver a Córdoba si sabe lo que le conviene.
- Un minuto – dije con la voz quebrada - ¿podría pasar al baño? Se ve que el asado a estas horas de la mañana me cayó mal.
Los tipos miraron a Moralez, les hizo una seña y me llevaron hasta el baño, se quedaron en la puerta.
Ya adentro me senté en el lujoso inodoro, vi una pequeña ventana cerca del techo y encontré una posibilidad de escapar. Terminé de hacer mis necesidades (el asado me hizo mal en serio) y me subí a la mesada de mármol, golpearon la puerta.
- dale papá – gritaron del otro lado.
- Un minuto, estoy flojito de vientre – contesté agachándome para que la voz no se escuchara tan arriba y me escurrí hacia fuera.
Ya en el techo descubrí que la montaña era más accesible desde allí, corrí, ya fuera de la casa mis tobillos me atormentaban, aún veía a Moisés y por mirarlo me choqué un espinillo enano y me pinché hasta debajo de la lengua, tenía que seguir, Moralez no perdonaría esto, miré hacia atrás, los dos tipos estaban en el techo. Escuché un disparo y vi caer a Moisés, me desesperé, empecé a trepar con todas mis fuerzas, mi amigo, más que mi hermano, la adrenalina borró los dolores de mis pies, mi rostro y las aproximadamente trescientos cincuenta y siete espinas que llevaba clavadas.
Las lágrimas nublaron mi visión.

lunes, 4 de diciembre de 2006

Capitulo 2 - La Largada (relata Egro - dibuja Marcos "Laky" Luc)




No dormí en toda la noche, me tenía mal que Moralez tenga en sus manos el mapa, pero lo peor era tener que levantarme al baño cada cinco minutos, Moisés había vuelto a preparar arroz con leche y me aflojó todo.
Cuando al fin pude dormir un sueño se precipitó sobre mi: mientras estaba yo parado en una esquina centrica de Nueva Córdoba se para un BMW frente a mi, el vidrio polarizado bajó lentamente y, para mi asombro, se dejaba ver el rostro de nada más ni nada menos que Ricky Martin, se quedó unos minutos en silencio y por fin rompió el silencio: “tu, loca manía, has sido mía solo una vez, dulce ironía, fuego de noche, nieve de día”. Me desperté exaltado, mi lecho era una basta laguna de transpiración, corrí al baño y ya sentado en el inodoro se me prendió la lamparita, siempre me olvidaba durante el día de cambiarla, era cansador entrar al baño y no tener luz, “debe ser algún cortocircuito” me decía Moisés cada vez que hablabamos de eso. Los baños tienen que ser iluminados, a mi me gusta leer mientras hago mis necesidades, es un lugar muy intimo, y si yo agarraba lo que fuera que estuviera leyendo la luz, como apropósito, se apagaba. Moisés golpeó la puerta del baño.
- ¿Qué pasa Moisés? ¿Tengo que estar en el baño para que te den ganas? – le pregunté un tanto ofuscado.
- Es el arroz con leche, aparte por la cerradura se ve que se prendió la lamparita, me aguanté toda la noche, sabés que me da miedo cagar sin luz.
Me enterneció, salí y mientras nos cruzábamos en la puerta emanó una de las flatulencias más espantosas que sentí en mi vida, antes de poder darme vuelta y meterle un soberano chirlo ya había cerrado la puerta.
Cuando dejé de vomitar en la pileta de la cocina me acordé del mapa, eran las cuatro de la mañana, agarré el teléfono y llamé a un amigo.
- ¿Hola? A estas tempranas horas de una tan cálida madrugada ¿Quién es el reverendo hijo de puta que hace me sonar el puto teléfono? – se escuchó del otro lado.
- Hola Pedro, soy yo Egro, necesito que me consigas el disco de Ricky Martin donde sale el tema Fuego de Noche Nieve de Día, lo necesito urgente.
- Bueno Egrito de mi corazón. Te lo tengo en media hora porque no creo poder volver a conciliar el sueño después de tu muy oportuna llamada, espero que agarrar el tubo del teléfono no te haya impedido poder seguir rascandote las pelotas, un abrazo – y cortó.
Moisés salió del baño, parecía más flaco y pálido.
- Moisés, no te acostés (mirá vos, Moisés y acostés riman) vamos a buscar el auto, ese mapa es más importante que nuestras propias vidas nuestras de nosotros – le dije mientras agarraba mi sobretodo, las llaves y mi View Master.
Lloviznaba, la ciudad estaba casi desierta, la humedad me hacía pensar que tendríamos que habernos duchado antes de salir, el olor me lo confirmaba.
Pasé por el frente de la casa de Moralez, las luces estaban prendidas, había movimiento.
- esto va a ser una carrera Moisés, tenemos que arrancar ya, seguro que Moralez y sus hombres salen en cualquier momento, tienen el mapa y saben que nosotros también, esto no es importante solo para nosotros, si no también para el mundo, creo que el compromiso de cada hombre se ve cuando deja parte de su orgullo para salir de la comodidad que otorga la sociedad, el hogar y el sillón que tanto me está costando pagar para salir a luchar contra fuerzas que ni conoce, para adentrarse en un camino lleno de obstáculos donde la misma vida puede ser el precio de alcanzar la meta – terminé de decir, quizás, las palabras más importantes de mi vida, un discurso imponente, a Moisés, un delgado hilo de saliva le colgaba de un costado de la boca.
Llegamos al edificio donde vivía Pedro, toqué el 5to A y me atendió una viejita de no menos de ciento ochenta años.
- Holaaaaaaaaa – tenía una voz aguda y quebradiza.
- Hola, disculpe, me equivoqué de departamento señora.
- ¿Usted es de esos que andan robándoles a las viejitas como yo?
- No señora, me equivoqué de botón, se me escapó el dedo.
- ¡Degenerado! ¡Usted no me va a meter ningún dedo! – la situación se estaba llendo hacia terrenos abstractos.
- No señora, tenía que tocar más arriba, y le toque el botón a usted.
- ¡No me va a tocar ni más arriba ni más abajo! ¡Abrase visto tal desfachatez de venir a querer sobrepasarse de una viejita jubilada como yo!
Se abrió la puerta del edificio y un guardia muy pero muy grande, me agarró del cuello del sobretodo y del cinturón que sostenía mis pantalones y me balanceó, a un ritmo perfecto, unas dos o tres veces para terminar arrojándome contra las bolsas de basura que estaban en la vereda. Volví al auto y desperté a Moisés.
- Andá vos, tocale el timbre a Pedro, decile que estamos abajo.
Moisés fue bostezando con andar meneante hasta el portero electrónico del edificio. A los cinco minutos lo veo balancearse cual hamaca colgando de los brazos del enorme guardia para luego caer casi exactamente en el mismo lugar donde otrora hubiera aterrizado yo.
- che, parece que el Pedro no vive más ahí, ahora vive una viejita paranoica – me decía mientras se sacaba un pañal usado de adentro de la camisa.
- Te diría que sos asombrosamente estúpido pero a mi me pasó lo mismo, me resta autoridad, en fin, zafaste. –
El tiempo apremiaba, fuimos a un teléfono público y llamé a Pedro.
- ¿Hola? ¿Acaso podría usted ser tan amable de proporcionarle la información adecuada para yo saber la ubicación exacta de la sede del honorable club donde se realizan las gratas reuniones de atómicos pelotudos que se dignan a romperme las pelotas por teléfono a estas horas? – la voz de Pedro sonaba apacible, eso me libró de culpas por llamarlo a esas horas.
- - Pedrito, hermano, estoy abajo ¿tenés el CD?
- Lo grabo y bajo Egrito, corazón, criaturita – y cortó, segunda vez que se cortaba sin que pueda saludarlo, la telefonía nunca me cayó bien.
Volvimos al edificio y justo bajaba Pedro, tiró el CD desde el palier y le pegó a Moisés en la frente, este se despertó para agarrarlo, meterlo en el estereo y seguir durmiendo. Puse la canción, por algo había soñado eso, miré el mapa y puse en marcha el auto, teníamos que ir hacia la primer escala de nuestro viaje, teníamos un poco de ventaja, el mundo estaba a merced del que llegara primero a destino, si lo hacíamos nosotros todo seguiría normal, si por el contrario Moralez se nos adelantaba sería un desastre total. Arrancamos rumbo a Carlos Paz, teníamos que llegar hasta la montaña mágica “esa que tiene una M grandota” como le decía Moisés.
Puse primera y aceleré a fondo, Moisés golpeó con la nuca en el respaldar del asiento y con los dientes en la guantera.La carrera había comenzado.