viernes, 13 de abril de 2007

Capitulo 12: El Portal de las Horas (relata Alejandra - dibuja Laky)


Todo estaba oscuro, no podía dejar de llorar, me había encariña

Todo estaba oscuro, no podía dejar de llorar, me había encariñado tanto con ellos, el futuro se me venía encima, esto me presentaba un panorama que temí tanto y durante tanto tiempo, estaba tan segura de que ellos eran la respuesta, y en ese momento, tenía la prueba de sus muertes junto a mi, tan cerca que no me atrevía a encender la linterna. A los pocos minutos escucho un ruido, yo, con lágrimas que humedecían mis ropas, con el agregado que estaba indispuesta y las mujeres cuando estamos en esas fechas nos ponemos todas así, que se yo, es una mezcla de dolor, incomodidad y ganas de coger, y los hombres creen que nos ponemos sensibles, los hombres creen que saben todo, sin ir más lejos, el que escribe esto es un hombre y está tratando, por medio de mi, describir la sensación de estar indispuesta, yo no lo puedo creer. Volviendo al ruido, la luz del salón se encendió y me alivió ver a mi padre, parado, junto a la puerta de entrada, apoyado contra la pared y jadeando, corrí junto a él y me desplomé.

  • tranquila hijita, ya pasó – me dijo tratando de consolarme, por lo visto el no sabía nada.

  • No papá, nada ha pasado, mirá vos, allí, y decime que ves – le dije señalando el sitio donde vi caer las cabezas de Egro y de Moisés.

  • Ale, estás exaltada, allí no hay nada ¿Qué intentas mostrarme?

  • ¡No! ¡Es imposible! Las vi caer junto a mi, eran sus cabezas, alguien las sacó mientras estábamos a oscuras – yo gritaba mientras buscaba.

Alguien tocó a la puerta, mi padre, siempre tan confiado él, le abrió. Mi cuerpo se estremeció por un instante, y volví a llorar, es que estaba indispuesta (aquí vemos nuevamente lo desorientado que está el escritor con respecto a nuestras reacciones en épocas de período) y creí que el que ingresaba era Egro, pero grande fue mi desazón cuando comprobé que me había equivocado, volví a dejar caer algunas lágrimas más (ahí va de nuevo). Era un hombre mayor aunque no tanto, de unos cuarenta y tantos, mi confusión se debió a que el sobretodo que traía puesto era similar al de Egro, estrechó la mano de mi padre y se dirigió hacia mi, me saluda y se presenta.

  • buenas noches señorita, mi nombre es Krillich – su nombre me parecía conocido, el aliento a alcohol que emanaba de su boca me mareó.

  • Mucho gusto ¿que necesita? – pregunté mientras él sacaba una pequeña botella de su sobretodo bebía de ella.

  • Me llamaron para que venga, soy detective, alguien me dijo por teléfono que tenía uno de los trabajos más importantes de mi vida aquí – mientras hablaba sacaba una tira de caramelos fish de su sobretodo y separaba uno para luego llevárselo a su boca.

No creí posible que este individuo fuera capaz de resolver nada, parecía alcohólico, deteriorado y ninguno de nosotros lo había llamado, pero necesitaba creer en alguien, así que lo puse al tanto de todo lo que estaba sucediendo.

  • así que estos muchachos se perdieron en la montaña y usted me dice que entraron en un “portal”, perdoneme señorita, esto que va a escuchar no va a ser grato para sus sensibles e indispuestos oídos… ¡LA PUTA QUE TE PARIÓ PENDEJA DEMENTE ME HICISTE VENIR PARA CONTARME SEMEJANTE GANSADA DE PORTALES, REMOLACHAS Y MEDALLONES! ¡me voy a la mierda! – sus gritos hicieron que estallara en un llanto incontenible debido a su agresividad y a mi estado menstrual (por favor, un ginecólogo que le explique algo al escritor). Mientras se dirigía hacia la puerta traté de suplicarle.

  • ¡por favor señor Krillich! Debe ayudarnos, Egro y Moisés pueden estar vivos aún. – algo escuchó en mis súplicas porque frenó su marcha y ahí quedó, paralizado, de espaldas a mi.

  • ¿me podría repetir los nombres? – preguntó sin darse vuelta.

  • Egro y Moisés.

  • Si esto es una broma, sepa señorita que es de muy mal gusto, y le voy recomendando que se retracte o que simplemente se retracte porque de no ser así me daré vuelta y lo que tiene entre sus piernas va a ser una gota al lado de lo que va a sangrar cada parte de su cuerpo – no se daba vuelta, me asustó, tomó lo que quedaba en la botella y encendió un habano que ya estaba por la mitad.

  • Es cierto señor – interrumpió mi padre – mi hija no miente, y si no está dispuesto a ayudarnos lleve sus amenazas vacuas a otro lugar.

  • ¿están seguros que esos eran sus nombres? – preguntó mientras se dejaba caer sobre una silla, al parecer, el dejarse caer provocó que se golpeara una costilla y que su mentón derecho golpeara contra el piso, luego se sentó y mientras se sobaba la cara agregó – es que Egro es mi hermano, y Moisés es la persona con la cual comparte su departamento, su vida, y, desde que nos distanciamos, nunca más volví a escuchar de él.

  • Con más razón ¡Debe ayudarnos! Es indispensable que utilice sus cualidades de detective para dar con ellos – le dije mientras mi padre le servía una taza de café caliente.

  • ¿No tiene un poco de whisky para agregarle a esto? – preguntó ofuscado.

  • Si, sírvase.



Relata Krillich

Me encontraba en el Hotel Eden, en La Falda, esa muchacha y su padre lograron convencerme, sentía que me iba a arrepentir. Traté de tomar un tercer café con whisky pero no me dejaron, me dijeron que debía apurarme, y salí hacia la montaña, comenzaba a amanecer.

No muy lejos encontré una piedra, alta, con un hueco en el medio, había tomado demasiado café así que lo vi como un buen lugar para orinar, así que, efectivamente, la meé. Escuché unos ruidos entre unos arbustos así que me acerque, me metí un caramelo fish en la boca y le di un soberano trago a la petaca de whisky, fui inteligente al cargarla antes de salir, aunque lo que allí sucedió me hizo dudar de si seguir bebiendo o no. de entre los arbustos se asoma un roedor, una rata, me hace unas señas y yo comienzo a mirar para todos lados, nadie me veía, así que la seguí. Del otro lado del arbusto había un ejemplar similar, un humo negro los rodeó de repente y yo comencé a correr desaforadamente gritando “¡Nunca más orinaré! Nunca más orinaré!” ya que sabía que dejar de beber me era imposible. Siento que mis pies se inmovilizan y me voy contra el que calculo que era el único sector rocoso de la montaña, al golpe lo absorbió todo mi cara ya que con mis manos protegí la petaca de whisky y los caramelos fish. Sentí unos pasos detrás de mi, estaba seguro que me había topado con violadores “¡No otra vez!” pensé.

  • holaseñorkrillichsomosMarroncitosynosotrosfuimoslosquelollamamosparaquenosayudeasalvaraesosdospelotudosquesemetieronenelportalyquesinohacemosalgovanapermanecermuertosparasiempre – me dijo uno, casi no alcancé a entenderle ¡Esos tipos eran como ratas humanas!

  • Disculpen, no les entendí un carajo – contesté mientras me desataban los pies.

  • Disculpenosotrostenemosmuchasmaspalpitacionesqueustedycuandoestamosagitadosnotenemosremediomasquehablarleaestavelocidad – me explicaba el mas delgado.

  • Bueno, entonces descansemos, siéntense y recuperen el aliento mientras yo me tomo el whisky.

  • ¡WHISKY! – gritaron a coro.

  • ¡apa! Les gusta el whisky veo, pero tengo poco – apenas terminé de hablar hice fondo blanco.

  • Nosepreocupequenosotrostenemosenterradosporacacercaunas15botellasdelitro – eso lo entendí perfectamente.

  • Llevame ya a ese lugar si no querés que te parta la petaca en la cabeza – mientras hablaba una extraña espuma salía de mi boca.

Fuimos hasta el lugar, uno de los dos petizos levanto una tapa de madera que estaba camuflada por hojas secas, mis ojos no lo podían creer, un nudo se adueño de mi pecho, 15 botellas de whisky de litro estaban ahí, tan hermosas, con esa silueta armoniosa y ese liquido amarillento que, a mi modo de ver, se asemejaba a cualquier elixir de vida que, poéticamente, hubieran descrito alquimistas en antaño. Nos sentamos a un costado, una botella de litro cada uno y mágicamente, luego de unas 7 botellas, mis amiguitos recuperaron el ritmo adecuado en el habla.

  • ¡Te quiedro Krintich! ¡jajajajajaja! – dijo el flaquito.

  • ¡no men iamo flaquitro! ¡hic! Me iamo Gerundio ¡Vergasio! ¡Gervasio! – los tres comenzamos a reírnos de una forma exagerada.

  • Sho men chamo Jordan ¡Maiquel! ¡Johan! – agregó entre carcajadas y un pequeño vómito el más robusto.

  • ¡Vo so un fenómeno Mikey! decíme ¿que mierda hacermos aca? – pregunté y Gervasio se puso a cantar, con la música de “La Ventanita del Amor”

desde que vooooo llegaste

la ventanita del portal se nos abrió

desde que vooo llegaste

no hago más que chuparme corazón


nos despanzabamos de la risa y Johan se paró, acomodó sus cuerdas vocales y entonó su canción, sobre la música de “Déjame soñar”, la canción introductoria de la serie “Amigovios”


Déjame soñaaaaaar

A tu lado.

No quiero que se cierre el portal.

Déjame soñaaaaar.

Te lo pido.

El portal de las horas está allaaaa


era mi momento, así que, recordando los motivos melódicos de mi canción favorita, “¿y cómo es él” de José Luis Perales comencé


yyyy ¿queloqué?

¿a dónde me quiere ievar uste?

¿a dónde es

ese lugar lejos del whisky?

Ni lo soñeeeeeeees

Acá me quedo hasta que se termineeeeee.


Mientras nos matabamos de la risa uno de los marroncitos me explicaba que el whisky iba a estar ahí, que las 8 botellas que quedaban serían todas mías si entraba al portal de las horas y trataba de recuperar a mi hermano y al pelotudo de su amigo, así que sin dudarlo y con andar meneante me dirigí hacia el dichoso portal.

Mientras caminábamos abrazados y cantando “Cambalache” una sombra oscureció todo, se nos fue el pedo del cagazo que nos pegamos y nos escondimos atrás de unos árboles.

  • ese es el guardián del portal de las horas – me explicó Gervasio.

  • ¿y ahora? ¿cómo entramos? – pregunté tratando de visualizar lo que ensombrecía el terreno.

  • No, vas a entrar vos solo, nosotros lo vamos a distraer – contestó Johan.

  • Bueno, empezá a correr, nosotros vamos para el otro lado – antes de que Gervasio termine de explicarme el plan comenzaron a correr, un ruido agudo se escuchó, como de un buitre, y la sombra se movió.

Corrí hacia lo que me señalaron como el portal, era una torre con un hueco en el medio, similar a la que vi anteriormente pero de madera. Estaba a unos 100 metros y escucho que me gritan “¡Apurate que se dio cuenta!” me di vuelta y venía el pajarraco, a una velocidad asombrosa, corrí con todas mis fuerzas y me tiré al hueco del portal, estaba tan nervioso que no fui certero, así que pegué con la frente en el borde de arriba, el bichazo pasó de largo y dio la vuelta, antes que llegara me metí, aparecí en un pasillo con puertas, no veía el final, en cada una de ellas había una fecha y una hora, comencé a caminar, por lo que me explicó la chica del hotel tenía que buscar la fecha del día anterior aproximadamente a las 21:00 hs.

Mis amiguitos me dejaron solo, no me traje una botella de whisky y casi se me acababan los caramelos fish. Esto iba a ser duro, muy duro, todo sea por esas 8 bellezas que quedaron enterradas en la montaña.