jueves, 8 de marzo de 2007

Capitulo 9: Revelaciones (relata Egro - dibuja Laky)

Me encuentro en un lugar oscuro, como un bosque, la luz de la luna llega al piso representada en varas plateadas que parecieran apuntalar el techo negro que forman los árboles. Una especie de niebla se asemeja a una alfombra, animada, en cámara lenta. El frío me obliga a frotarme las manos, llevarlas a mi boca y emanarle mi aliento cálido.
Comienzo a caminar, no podía quedarme ahí, veo una luz detrás de unos arbustos, me acerco, el frío es insoportable, oigo jadeos, a medida que me acerco a la luz los gemidos se acentúan, hay una especie de pared, me asomo, para mi gran sorpresa veo dos cuerpos brillantes, sobre una mesa, musculosos, húmedos, con movimientos sincronizados, o sea, estaban cogiendo. Trato de que no se enteren y vuelvo al bosque, a la oscuridad, de repente todo se ilumina, era un estudio de grabación, de atrás de la pared me llaman, voy, Ricky Martin estaba parado junto a la mesa, detrás de ella se vestía Carlos Mata. Ricky me mira, pone un pie sobre un banquillo y se toma el jopo con toda su mano, una música comienza a sonar y él canta: “Fuego contra fuego es amarfuego del que no puedo escapardonde nadie oye mi vozallí te espero yo”
Y se va hacia una puerta con una estrella con su nombre abajo, Carlos Mata se sienta en un rincón, se tapa la cara con las manos y comienza a llorar. Despierto, aún estoy debajo de la mesa, me duele muchísimo el cuello, veo al hombre en el mostrador, lleva una bandeja con tazas y medialunas hacia una mesa donde están sentados Moisés, Alejandra y Marcos, salgo de la mesa y voy hacia ellos.
- Egro, buenos días, no te cambiaste todavía – me reprochó Alejandra.
- No, ahora vuelvo – fui al baño y me puse la ropa que me había traído Alejandra, hasta un sobretodo parecido al mío me trajo, esa muchacha comenzaba a agradarme.
Volví a la mesa y comencé a desayunar.
- ¡49 medialunas y sólo me dejaron una! – grité furioso.
- Lo que pasa es que Marcos tiene un hambre voraz, se comió 20, Moisés 10 y yo 3 – me explicó muy naturalmente Alejandra.
- Aún faltan 15 – dije muy perspicaz y usando mis cualidades matemáticas.
- Las tengo en el bolsillo, para el camino – respondió Moisés, no dije nada porque sospechaba que al mínimo movimiento, Marcos reaccionaría.
Tomé mi café con leche, otra vez helado, dejé la medialuna para el último ya que no podía mojarla en la repugnante bebida, me relajo y la tomo con la mano izquierda, Marcos suelta un gruñido y dejo caer la medialuna, antes que toque la mesa el mastodonte la agarró y se la llevó a la boca, yo me estaba cansando.
Me siento en una mesa que al frente tenía un televisor que no dejaba de pasar publicidad de venta telefónica, el conserje me dice que me baje de la mesa, que me siente en la silla, no dejo de pensar en mi sueño ¿Que tenía que ver el fuego? “Dónde nadie oye mi voz, allí te espero yo” de repente algo me iluminó, prendieron los reflectores del escenario, me quemaban la frente, me alejé hacia el parque, Marcos trataba de atrapar una mariposa, Moisés se para a junto a mí comiendo una medialuna, ni se me ocurrió pedirle, era como los perros con la comida.
- ¿Podés creer Moisés? Este tipo parece un perrito faldero y después, de noche se vuelve una bestia.
- Si, pero conmigo es piola, hasta que lo meten en la pieza esa.
- ¡Esperá! Fuego de noche, nieve de día ¡Ricky Martin me hablaba de este tipo!
- Toma Egro, una medialuna, te estás cagando de hambre y ya empezás a hablar otra vez de Ricky Martin.
- ¡No boludo! En serio, y en la pieza esta solo, a prueba de sonidos, donde nadie oye mi voz, allí te espero yo. ¡La Remolacha está en la habitación de Marcos!
Moisés comenzó a empujar una medialuna en mi boca, me ahogaba, me daban arcadas, pero la revelación que tuve me provocaba una gran y constante sonrisa.
Corrí al salón.
- ¡Alejandra! ¡Ya se donde está la remolacha! – grité eufórico y tomándola de los hombros.
- ¡No me digas! a que descubriste que está en la habitación de Marcos. – me contestó la hija de puta.
- ¡¿Cómo?! ¡¿Vos ya lo sabías?!
- Si tonto, todos lo sabemos, el problema es saber como hacer mañana a la noche, exactamente a las 23:37 se revela la clave, el problema no es el lugar, es como hacemos para entrar y ver la luz, a esa hora Marcos está insostenible, ni mis pechos ni los de la Cicciolina pueden contenerlo.
- O sea que no me sirvió de nada fijarme en mis sueños.
- Si, lo que pasa es que no te fijaste en la totalidad del mensaje.
Me fui frustrado, nuevamente al parque, Marcos seguía jugando con la mariposa, empezaba a esconderse el sol y él se ponía más agresivo con el pobre animalito, de repente Alejandra salió con su padre, se levantó la remera y el gigante se paralizó, lo llevaron atrás del hotel y yo no paraba de pensar en mis sueños.
- ¡Egro! ¡Vienen autos de Moralez! – gritaba Moisés que venía de la entrada del hotel.
Corrimos hacia atrás del hotel, pasamos al lado de la habitación de Marcos, era tenebrosa, una caja gigantesca de acero, no podía creer que estuviera ahí dentro, me daba un poco de lástima. Comenzamos a subir la montaña, ya me estaba cansando de subir montañas, hacía 3 años que no jugaba al fútbol ni hacía ejercicios. Moisés iba delante de mí, yo miraba hacia atrás cada segundo, lo que provocó que una rama que soltó Moisés me pegara en la frente y me tumbara, me levanté pensando que ya eran varias las que le debía cobrar a este petizo que me acompaña a todos lados. La tierra comienza a temblar, los dos caemos al piso, entre nosotros se levanta, de debajo de la tierra, una torre de piedra, de aproximadamente 5 metros, no podíamos creerlo. La roca tenía un hueco abajo, veía a Moisés del otro lado, trato de pasar para el otro lado pero en lugar de aparecer junto a Moisés, caí en un campo lleno de flores, esto era asombroso, a los pocos segundos Moisés salió de otra roca, muy parecida a la de la montaña. Estábamos a salvo, el problema es que Moisés es alérgico, su cara comenzó a hincharse, su voluminosa nariz parecía una cascada verde, comenzaba a respirar con dificultad, yo traté de ayudarlo pero no sabía que hacer, parecían kilómetros y kilómetros de flores. Decidí que no valía la pena escapar para que Moisés se me muera ahí, entonces lo arrastré y lo metí de nuevo en el hueco de la roca, me metí yo y asombrosamente, aparecimos en una especie de sótano, la diferencia era que en lugar de una roca había un horno, lo bueno es que Moisés comenzó a respirar más cómodamente. Me acerco a la escalera, cuando estoy por subir se me cruza una cucaracha por el primer escalón, doy un salto hacia atrás y piso un rastrillo, este me pega en la nuca y tropiezo, me doy vuelta para amortiguarme con las manos pero no me dio el tiempo y pegué con los dientes en un cajón de madera, Moisés no tenía fuerzas, pero se las ingenió para largar una muy forzada carcajada, intento levantarme y al apoyar la mano se me sube otra cucaracha, soy cucarachofóbico, así que salté, el bicho se me metió en la remera y comencé a sacudirme desesperadamente, los escalofríos reinaban mi cuerpo, tomé una madera y comencé a pegarme en la espalda, el dolor no era nada en comparación con el asco que sentía, la cucaracha cae al piso, la aplasto con la madera y quedo susceptible, muy susceptible, tanto que me toca un hilo que estaba atado en una viga de madera en el techo y yo grito, se enciende una luz al final de la escalera. Con todo el temor del mundo me siento junto a Moisés, vemos una sombra que comienza a bajar, era indescriptible, no era una sombra humana, cuando veo los pies me doy cuenta que eso no era normal, gigantescos, doblaban al límite los escalones de gruesa madera, Moisés me pellizca una gamba y yo le pego con el codo en la pera, esa cosa emitía un ruido agudo, punzante. A medida que iba bajando aparecían más pies, ya iban seis, el temor me devoraba, miré el horno, teníamos que volver a meternos, traté de levantar a Moisés y una especie de cacerola cayó al suelo, el sonido agudo se hizo más fuerte y mi vista se comenzó a nublar, lo último que pude ver fue la puerta del horno cerrándose fuertemente y ya en la oscuridad escuche, lejana, la voz de Moisés “Egro, creo que me cagué”

martes, 20 de febrero de 2007

Capitulo 8: Más cerca de la Remolacha Suprema (relata Egro - dibuja Laky)



Estoy acostado en el patio del hotel Edén, dormimos en un escenario que tiene un techo, creo que de cemento, no soy arquitecto, tampoco albañil, y si no fuera necesario ser algo de eso para saberlo, simplemente no lo sé. Me levanto, Moisés está acostado muy cerca del borde, lo despierto, se cae, me putea, nos saludamos.
-Che Moisés ¿Dónde está la mina que nos trajo?
-Supongo que durmiendo en alguna habitación, creo que es la hija del conserje.
-¡¿Y por qué dormimos afuera nosotros?!
-Que se yo, me conformo con que nos tire una medialuna.
Furioso me acerco a la conserjería, le pego al timbre que se encuentra en el mostrador, unas 37 veces. Cuando levando la vista del timbre se encontraba un hombre, de unos 55 años, apoyado sobre su codo, mirando el pequeño artefacto.
-¡Al fin viene alguien! – le grito.
-Señor, yo siempre estuve acá, estaba agachado atándome los cordones, cuando usted toco el timbre por tercera vez me levante, pero lo ví tan concentrado que no quise interrumpirlo – me contestó mientras acomodaba unos papeles que estaban sobre el mueble.
-Perdón ¿no vio una chica que entró anoche? Estaba con nosotros pero nos dejó durmiendo en el patio.
-Si, ya vuelve, fue a buscar leche, se nos acabó y aproveché para mandarla, Alejandra, mi hija – y mientras se alejaba hacia otra habitación preguntó - ¿Quieren tomar algo para el desayuno?
-¡Si por favor! – Exclamó Moisés sacándome del mostrador y dejando caer un hilo de saliva sobre el mismo.
-Va a tener que ser café, como dije recién, la leche se nos acabó ¿lo quieren con criollos, facturas con dulce de leche o medialunas?
-¡¡¡Con facturas con dulce de leche!!! – Moisés dejó caer una lágrima.
-Le di las últimas 13 a Marcos, mi sobrino, el que está en aquella mesa.
La mesa que nos señaló estaba en un rincón del salón, sentado en ella había un ser gigantezco, con vestiduras deterioradas y, por el cuello de su remera salían parvas de pelo, sus brazos y sus piernas también cubiertos de ellos. Una cabellera bastante sucia y larga caía desde su cabeza hasta la mitad de su espalda, no dejaba de sorprenderme su tamaño, pocas personas había visto en mi vida con semejante contextura física.
-¿Eso es su sobrino? ¿Cómo dijo que se llama? – pregunté sin dejar de mirarlo.
-Si, recién llega, viene cada dos o tres días a comer, anda por la ciudad jugando a los equis man. Su nombre es Marcos
-Ecsmen
-¿Qué?
-Se pronuncia ecsmen.
-Andá a corregirlo, el dice que es de los equis man
-¿Corregirlo? Usted está loco.
-No me jodás entonces.
-Moisés ¿No te suena ese nombre? – hablo en voz baja, no pretendía generar ningún tipo de enfrentamiento con el tal Marcos.
-Egro… te puedo llegar a nombrar aproximadamente unos 15 Marcos en menos de 10 segundos, es un nombre muy común, no preguntés pelotudeces que tengo un hambre que parecen dos – Moisés se ponía bastante agresivo cuando pasaba tiempo sin comer.
-Pero es que a mi me parece que ese es el tipo de la casa abandonada.
-¿A ustedes también? Este chico me va a meter en algún quilombo a mi – me interrumpió el conserje.
-Pero, sus ojos eran rojos, a él casi no lo vi, pero si sus ojos.
-Son unos anteojos que le regalaron para su cumpleaños, tienen unas lucecitas y el dice que es "Trípode" de los equis man.
-Ciclope, de los ecsmen.
-Ahí te lo llamo
-Y yo le cago en el parquet.
-Entonces no me jodás.
-¿Criollos? – preguntó Moisés.
-No, somos de Uruguay pero vinimos hace un año a vivir a La Falda, teníamos problemas allá, económicos, y Alejandrita quería estudiar una carre…
-¡Criollos para el desayuno! – Moisés tenía un derrame en el ojo izquierdo bastante severo.
-No pibe, los trae Alejandrita con la leche.
-Bueno, entonces medialunas.
-No vas a tener suerte, las dejé arriba de la mesa Marcos las vio, se las comió antes que le de las facturas con dulce de leche.
-¡Te voy a matar viejo hijo de mil puta! ¡Me ofreciste cosas que no tenías! ¡Jugaste con mis sentimientos! – tuve que agarrar a Moisés porque parecía dispuesto a cualquier cosa.
Marcos se levantó de la mesa y se acerco, entre la cortina de pelos que le tapaba la cara se podían ver dos ojos pacíficos, inocentes, sin que yo alcanzara a saludarlo me metió un manotazo en el pecho y quede boca arriba debajo de una mesa que estaba a unos 15 metros.
-¡Señor, pareló! – gritó Moisés, al parecer ya se había calmado.
-No, no te hagas drama, se ve que escuchó insultos y se le despertó por un instante sus instintos nocturnos, se confundió y en vez de pegarte a vos, enano prepotente, le pegó a tu amigo. – explicó el conserje mientras acariciaba al grandulón.
-¿Instintos nocturnos? – pregunté desde debajo de la mesa.
-Si, Marcos tiene un problema de doble personalidad, con el sol se vuelve completamente pacífico, pero apenas anochece se transforma en una bestia, se vuelve agresivo e irracional.
-¡Ah la perinola! – dijo Moisés.
-Pero a nosotros nos atacó de día – yo seguía debajo de la mesa.
-No los atacó, estaba jugando – el viejo seguía acariciándolo.
-¡A mi casi me ahorca!
-No, le gusta jugar así, al ratito nomás lo suelta y se va.
-¿Y cómo lo controlan en la noche?
-La pobre Alejandrita le muestra sus pechos, el queda como hipnotizado y la sigue hasta una habitación que tuvimos que construir especialmente para que el no pudiera destrozarla.
-¿Me da café aunque sea con un pedazo de pan duro? – suplicó Moisés.
-Al pan duro se lo damos a una señora para que nos traiga budín de pan a la tarde.
-¡La puta que te parió! – gritó Moisés tratando de treparse al mostrador, por suerte yo ya estaba nuevamente a su lado para frenarlo, en milésimas de segundo estaba nuevamente debajo de la mesa en la misma posición, no descartaba que Marcos tuviera algún problema personal conmigo.
Alejandra llegó con la leche y los criollos, nos sirvió un desayuno y nos dio ropa para que nos cambiemos.
-esta ropa esta sucia Alejandra – le dije suavemente para no ofenderla.
-Si, me la encontré tirada, pero la de ustedes estaba peor, tuve que quemar el auto.
Alejandra nos comentó lo de la Remolacha Suprema. Detrás del hotel un chamán enterró una semilla, allí creció una remolacha, la particularidad que este tubérculo poseía era la de proyectar, a una hora exacta de un día exacto de un año exacto una luz roja que marcaba el lugar exacto donde se encontraba exactamente la clave exacta que abriría una caja fuerte. En la misma había una llave, la llave abría un cofre, el cofre contenía la segunda parte del mapa.
-pero el tipo del bar nos dijo que la remolacha era muy poderosa – acotó sabiamente Moisés cuando Alejandra terminaba de explicarnos todo esto.
-Si, la remolacha es muy poderosa, pero ningún ser humano podría manipularla – explicó Alejandra y agregó – los nazis buscaron la remolacha hasta el cansancio, Hitler pensaba que si la conseguía, ganaría la guerra con mucha facilidad, y no se equivocaba, pero cada soldado que intentó arrancarla murió en el intento.
-¡Ah la perinola! – volvió a exclamar muy acertadamente Moisés.
-¿Y dónde está la remolacha? – pregunté mientras le daba el primer sorbo al café con leche que estaba helado y agregué - ¡me cago en la mierda!
-Tenés que buscarlo en tus sueños, la clave está en tus sueños... y en Marcos – contestó la muy turra.
Salí del salón, me senté en el pasto "que busque en mis sueños" pensaba "esta pelotuda se quiere hacer la Pitonisa" seguía pensando. Veo algo extraño en un árbol, me acerco, me caga una paloma en el hombro, vomito y tosiendo leo lo que estaba tallado en el tronco: "la culpa la tiene el mono". Más abajo había otra leyenda ¿Sería un mensaje? Me agacho y leo: "puto el que lee". Moisés se reía atrás del árbol, intento agarrarlo y este corre hacia el salón, esta vez no se me iba a escapar. Apenas entro lo veo esconderse tras una cortina "¡Ya te vi hijo de p…!" antes que termine la frase me encuentro nuevamente debajo de la mesa con el pecho cerrado. Increíble, o sea, yo dije "ya te vi hijo de p…" y "uta" lo dije debajo de la mesa boca arriba. Ya se que es difícil de creer, pero yo lo viví.
Decidí quedarme ahí, pensar, en mis sueños, en lo que trataba de decirme la yegua que, al parecer, se sentía el señor Miyagui. En mis sueños, que piense en mis sueños… y en el gigante peludo.

martes, 13 de febrero de 2007

Capitulo 7: Las Mujeres son Angeles "Vol II" (relata Egro - dibuja Marcos "Laky" Luc)


Doy tres pasos hacia atrás, trastabillando, antes de caer al piso, Moisés me alcanza a tomar de una de mis patillas, no desvío la mirada, pero tres lágrimas salen disparadas de mi ojo izquierdo, lo juro, la fuerza con la que salieron era inmediatamente proporcional con el dolor que sentía en el hemisferio de mi cabeza situado del mismo lado en el que se sitúa el corazón (izquierdo… pavo), casualmente, el costado de donde colgaba yo de una patilla fuertemente presionada por Moisés. Lo que inicialmente me convulsionó comenzaba a tornarse borroso. Como pude me levanté, empujé a Moisés y comenzamos a correr, nunca dejé de mirar hacia atrás, lo que provocó que pisara el talón de Moisés, se le salió la zapatilla a medias, antes de caer se abrazó a un poste, yo pase de largo y la implacable ley de gravedad provocó un fenómeno bastante extraño: mi pecho golpeó el asfalto y se elevó, luego comprendí que no quedaría así, suspendido, con los brazos abiertos, la vista perdida a causa de la velocidad y una incertidumbre que bien podría ser comparada con un pétalo de rosa encontrándose dentro de un huracán. Lo demás fueron 57 rebotes con distintas partes de mi cuerpo a lo largo de los 100 metros, los cuales pertenecían a una empinadísima cuadra de una tranquila y cálida calle de La Falda. Durante los primeros 10 metros, a decir de Moisés, la secuencia podría haber sido:
Pecho, codo, mentón, espalda, quejido, pecho, pecho, bocanada de aire, codo-rodilla, frente, pequeño llanto, pecho, insulto hacia la virgen de Guadalupe, nuevamente pecho, disculpas hacia la virgen de Guadalupe, mentón, cadera. Luego de los 10 metros me perdió de vista ya que me había sobrepasado con su veloz carrera. No alcancé a terminar de caer que mi fiel compañero tuvo la sutileza de tomarme de la patilla de la cual no me había tomado antes (la derecha… re pavo) y me arrastró, me tiró detrás de una verja de una casa abandonada. “Moisés, creo que el único lugar que no me raspé fue mi fosa nasal izquierda… pero por dentro” dije con el poco aliento que me quedaba “¡Agachate!” ordenó y empujó mi cabeza hacia abajo sin darse cuenta que se encontraba empujando mi cara contra un pequeño charco de agua y barro, no podía respirar, pero increíblemente los dolores de mi rostro se habían aliviado.
Al levantar la cabeza vi a Moisés sentado de espalda a la verja, tomándose las rodillas y con la cabeza entre ellas, la misma pose que hacemos cuando intentamos auto-satisfacernos con la boca, algo imposible por cierto. Repetía una y otra vez “¡Que no se asome acá, por favor, que no se asome acá!” y una gran sombra tapó casi en su totalidad la fachada de la deteriorada casa, una especie de gruñido se escucho sobre mi cabeza, una fuerte y agitada respiración y un pequeño trueno se escapó de entre las piernas de Moisés, “Perdón” dijo ¡Rajemos” agregué yo. Al mismo tiempo saltamos uno por cada ventana rota hacia el interior de la casa, estaba oscuro, dos pedazos de luz entraban por las ventanas, por la increíble cantidad de polvo se formaban dos especies de bloques luminosos que se clavaban en una pared despintada. Agachado me acerco a Moisés, estaba a solo uno o dos metros cuando la puerta estalla en unos mil pedazos, como era de esperarse uno de ellos se incrustó en mi ombligo, lo sorprendente fue la ausencia de dolor. Una enorme silueta se interpone entre el sol y nosotros. Se acerca hacia Moisés, no había otra cosa que actuar, tomé un trozo de madera y le pegué, no se donde, una parte de él, supongo que la cara, se volteó hacia mi, dos óvalos rojos se plantaron ante mi, no veía a Moisés, pero lo oía jadear. Los óvalos se acercan hasta mi, algo me toma del cuello, la vista se me empieza a nublar, una sombra por la ventana por donde entró Moisés ¡Una mujer! Se ilumina esa parte de la casa, es la misma chica que nos trajo en el auto, se levanta la remera, sus perfectamente esféricos pechos quedan totalmente al descubierto, escuché que gritó “Marcos, acá tenes tu par de tetas” y mi cuello dejó de ser presionado, lo que fuera que me tenía presionado se escurrió por un lugar tan negro como el café negro, ¿entendés negro?, la mujer, sin guardar los pechos nos apuró “¡Salgan estúpidos!” corrí hacia fuera. Moisés sale después de mí, el auto estaba en marcha, subo al volante, Moisés me recomienda que baje del volante y me siente en la butaca de conductor. La chica entra gritando que arranque lo antes posible antes que sea demasiado tarde, algo se mueve en la casa, acelero a fondo, dejo de acelerar, pongo primera y salimos de ahí. “¡Dobla en la esquina hacia la izquierda, vamos al hotel!” grita ella, por el espejo retrovisor veo el rostro de Moisés, sentado, quieto y mudo, presiento que compartíamos el sentimiento, había desaparecido el medallón de mi memoria, nuestro propósito ahí me parecía tan lejano, el sol se presentaba intermitente, en cambio, las dos esferas ocupaban casi un 100% en mi mente, dos montañas de vida, aproximadamente un kilo y medio de poesía convertía la vida en primavera, estaba casi seguro, Moisés sentía lo que yo, ese par de tetas no se borrarían tan fácilmente de nuestras retinas, íbamos hacia el hotel Edén. Aunque ya no sabíamos a que.

lunes, 5 de febrero de 2007

Capitulo 6: Las mujeres son ángeles. (relata Egro - dibuja Marcos "Laky" Luc)


- ¡Ay! ¡Moisés! – grité mientras me tapaba la nariz.
- ¡Bueno! No me aguanté – contestó el muy asqueroso.
Me metí abajo del agua y salí hacia la superficie, el pibe me hace una seña, me acerco nadando.
- ya se fueron – me dijo.
Volví a buscar a Moisés y salimos del agua. En el apuro me metí con el sobretodo, ahora parecía que llevaba un tipo a cococho de lo pesado que estaba mi ropa.
Le agradecimos al pibe y ni se enteró, ese chico parecía vivir en el agua.
Empezamos a caminar por la orilla del río, no queríamos que nos vieran, seguro que todavía andaban por ahí.
Mientras vamos caminando por un caminito que, al parecer, se había formado por el constante paso de gente. Alcanzo a divisar el puente y logro reconocer a dos de los hombres de Moralez, empujo a Moisés para que se tire al piso, al caer golpea su pera en una roca bastante grande, se retuerce, no grita, al parecer entendió por qué lo empujé. Siento un ruido entre la vegetación y me quedo inmóvil. Más adelante salen dos hombres más, no miraron hacia atrás, mi corazón retumba, Moisés no deja de frotarse la pera. Los hombres se hacen señas con los que están en el puente, estos se suben a un vehículo y dan una vuelta en U, los que están abajo llegan al puente, discuten, uno amaga con pegarle al otro y comienzan a caminar hacia el pueblo.
- levantate Moisés, tenemos que llegar a la ruta, pero no se si es bueno hacerlo por acá.
- La próxima vez decime que me tire al piso en vez de pecharme hijo de puta – Moisés me sorprendió, creo que es la primera vez que me insulta de esa forma.
Llegamos al puente y de repente, de atrás de un árbol se me tira encima un tipo, rodamos hasta el río y caemos dentro de él, me pega una trompada, me sumerge e intenta ahogarme, yo no puedo defenderme, aún estoy estupefacto. De un momento para otro el tipo me suelta, saco mi cabeza fuera del agua y respiro, Moisés tiene una gran rama en la mano, el que me estaba golpeando ahora yacía al costado del río sangrando por su frente, respira, está vivo, aunque si dije que respira es al vicio aclarar que está vivo, pero es como un reflejo: “se mueve, está vivo” “el corazón le late, está vivo” ¿Me explico?
Siento un grito, nos vieron los dos que se fueron al pueblo, siempre andaban de a dos, me extrañó que me haya atacado sólo uno. Trepamos al puente y comenzamos a correr por la ruta, otra vez disparos, nunca en mi vida había escuchado tantos disparos en tan poco tiempo y todos dirigidos hacia Moisés y yo. Moisés va delante de mí, un auto frena bruscamente haciendo chirriar sus gomas y una voz de mujer grita que subamos. Moisés se tira por la ventanilla de acompañante y yo abro la puerta de atrás, un disparo destruye el vidrio de la luneta, me hago un bollo en el asiento, el auto arranca y la mujer nos pregunta si estamos bien.
- creo que si – contesto - ¿estás bien Moisés?
- Si, pero creo que se me está hinchando la pera.
- Llegué justo, quizás esos tipos no los alcanzaran, pero seguro están viniendo los dos que crucé mientras venía para acá, estos les van a avisar y se van a venir como un rayo hacia nosotros – la mujer hablaba y maniobraba, íbamos pasando autos y colectivos como si fueran postes.
- ¿Y vos quién sos? – le preguntó Moisés.
- Después les explico, pónganse los cinturones de seguridad, vamos a Valle Hermoso sin escalas.
- Esperá – le grité – en vez de Valle Hermoso podrías llevarnos a La Falda, tenemos que ir al hotel Edén.
- ¿Qué te creés que soy un remis yo? Los dejo en la entrada, al hotel llegan ustedes – la conductora no sacaba la mirada de la ruta y el auto se bamboleaba de un lado al otro, era muy bonita, y el baboso de Moisés no dejaba de mirarla.
- Al lado tuyo hay una mochila, es para ustedes, abrila – me dijo mirándome con sus bellos ojos por el espejo retrovisor.
- ¡Que asco! ¡Acá hay una toalla femenina usada!
- Ah, si, esa es mi cartera, la mochila está en el suelo.
De la mochila saqué una bolsa de tela, marrón, un cordón la mantenía cerrada, lo desato, me quedé sin aire del asombro, Moisés se dio cuenta y, aún no entiendo como hizo, me metió una patada en el pecho, lancé un quejido y la respiración volvió.
- ¿Qué te pasó? ¿qué hay en la bolsa? – me preguntaba Moisés mientras su pierna volvía hacia la parte de adelante del vehículo.
- Es… es…¡El medallón!
- Si, me dijeron que eran bastante estúpidos, el tipo del bar les dijo que era el guardián del medallón y ustedes se fueron sin él. Ahora, hubo que inventar un personaje para que apareciera en el auto y les trajera el medallón y los salvara de los tipos que los venían siguiendo, aparte también por todo esto del machismo y el feminismo, ya hay mujeres quejándose de que no hay mujeres en esta historia – explicó la mujer y agregó – buscá en la mochila, hay algo más para ustedes.
- ¡Es un teléfono celular! Siempre quisimos tener celular – exclamé y a Moisés se le escapó una lágrima.
- Si, es para que se comuniquen conmigo apenas lleguen al hotel, antes de entrar marcarán el uno y la tecla numeral, me llamará automáticamente, les daré instrucciones, estamos en La Falda, bajen y apúrense – dijo mientras estacionaba el auto a tres metros del cordón de la vereda.
Corrimos hacia una calle que no fuera la principal, preguntamos en un almacén como llegar al hotel y una señora nos indicó, teníamos bastante por caminar.
Moisés me recordó que teníamos los $10 así que compramos unos sándwiches y una gaseosa y arrancamos para el hotel.
No podía creer que tenía el medallón en mis manos, aunque el tipo del bar nos dijo que el medallón no era importante, ahora faltaba descubrir que era eso de la Remolacha Suprema.
- Egro, que sándwiches de mierda compraste.
- Si, la verdad es que están fieros che.
- ¡Egro! ¡Cuidado! – los ojos de Moisés se abrieron de tal forma que podrían haberse salido de sus cuencos. Dándole un trago a la gaseosa me di vuelta y lo vi... mi naríz parecía una cascada y en la parte de atrás de mis pantalones se formó un bulto.

domingo, 14 de enero de 2007

Capitulo 5 - El Bar de la Montaña (relata Egro - dibuja Marcos "Laky" Luc)


Legamos a Baillet Massé, lindo lugar, el aire, la tranquilidad, en estos lugares solía vacacionar con mis abuelos de niño, no recordaba a nadie que hubiera conocido en esas épocas pero el lugar era idéntico. Le dije a Moisés que fuéramos por la ruta, por ahí llegaríamos al viejo cine, por lo que yo recordaba, cuando yo venía aquí el cine ya no estaba en funcionamiento, lo más probable es que ahora fuera algún tipo de almacén o que ni siquiera el edificio estuviera en pie.
- che Egro, podríamos comprar algo para comer
- las últimas monedas que teníamos las gasté en el colectivo, no hay más plata – le expliqué a Moisés mientras las imágenes me llevaban a mi más tierna edad.
Mientras me observaba corriendo por esas calles y el nudo de mi garganta iba creciendo sentí un fuerte dolor en el sector derecho de mi cabeza, al parecer mi vista se nublo un par de segundos y caí de culo al piso.
- mirá, alguien nos hace señas desde ese camino que al parecer da al río – me señaló Moisés.
- ¡Hijo de puta te voy a matar! – grité furioso al ser que se perdía con el paisaje.
- Nonono, parece que te tiró esa piedra para que lo sigamos, debe ser el nieto del viejo hippie de la montaña.
- podría haber silbado en vez de tirarme con este pedazo de adoquín.
Lo seguimos, parecía que nos llevaba a un lugar seguro y oculto, el camino, si bien parecía un callejón habitado, sugería privacidad. Efectivamente, otra vez me equivoqué, yo debo ver demasiadas películas, todo lo que supongo termina siendo algo mucho más bizarro e insalubre, aparecimos en medio del balneario donde estaba lleno de gente, se nos acercó este personaje. Era un pibe de alrededor 15 años, con rastas, en cuero, con un jean improvisando una bermuda desflecada.
- hola, está lindo el río, vamos – nos dijo y corrió a zambullirse.
- Este pendejo no sabe quien nos está persiguiendo – antes de que termine de hablar me dí cuenta que Moisés ya se había puesto en cuero y estaba en el aire haciendo una “bomba” (acto de saltar para luego tomarse las pantorrillas formando una especie de posición fetal compacta en el aire, esto provoca que la caída cause un sonido y un estallido líquido que emula una bomba humana) para luego caer en el agua..
Me saqué el sobretodo y me metí con ellos, el pibe se acercó, se sumergió y luego de unos segundos salió a la superficie, con mocos que le caían de la nariz, los cuales se limpió con la lengua, hice una arcada, me entregó una caja de madera, pequeña, como un alajero… pequeño, era de madera, tenía un candado, pequeño, el pibe me dio una llave pequeña y se fue, nadando hasta un vado, 2gracias… pequeño” pensé, Moisés no paraba de tirarse de todas las formas que conocía: bomba y parado.
- vamos Moisés, creo que tengo el medallón – le dije mientras salía del agua.
- ¡Una más, una más! – me gritaba, a veces Moisés parecía un niño.
Me puse el sobretodo, es casi imposible describir lo incómodo que era tener los pantalones largos y la camisa totalmente mojados y arriba, ponerme el sobretodo.
Abrimos la pequeña caja, una soberana puteada de aproximadamente quince minutos salió disparada de mi boca, casi sin control, dije palabras que ni yo conocía, en la caja no estaba el medallón, había $10 y una nota.
Querido viajero, viendo y considerando que al comienzo de este viaje ya has encontrado a las personas que te empujen hacia esta travesía que te dejará parado en pilares tan delgados como el filo de un bisturí, debes entender que esto que tienes en la mano no son simples objetos, la caja esta hecha con madera del árbol más antiguo del mundo, adentro verás que hay un billete de de la moneda actual de la época, cada vez que el día se renueve habrá uno allí, no son acumulativos, nunca encontrarás más dinero que ese, la caja se actualiza automáticamente conforme cambie el valor del dinero en un radio de quince kilómetros. Lo primero que harás es ir un bar que se encuentra en la montaña, en el sector del puente por el cual sales de esta localidad, no te asustes viajero, el bar no es visible para todos, debes encontrar el lugar exacto donde podrás introducirte al bar, recuerda siempre esto, el bar no esta sobre la montaña, está dentro de ella.
Buena suerte y hasta luego.
- no entendí un sorete – comenté mientras hacía un bollo el papel y me lo metía en el culo.
- Es fácil Egro – contestó Moisés y yo lo miré esperando escuchar alguna gansada – es como en Harry Potter, cuando van a la escuela, la plataforma de ellos no se ve, pero ellos pueden pasar, nosotros tenemos que encontrar la entrada en esa parte de la montaña.
Efectivamente, Moisés también veía demasiadas películas, yo, ateniéndome a los antecedentes de mis deducciones, dejé que Moisés lo intentara, así se desengañaba con que esas cosas solo pasan en la ficción, o sea, eso de andar adivinando lo que va a pasar.
Llegamos al puente, no alcancé a apoyarme en ella cuando Moisés se reventó el hombro contra un pedazo de piedra mica. Otra vez más allá, pensé que esto estaba llegando muy lejos, Moisés empezaba a sangrar, el valor de la información empezaba a encarecerse. En el momento que me acerco para frenarlo, increíblemente pasa de largo y desaparece, mis ojos estaban tan abiertos del asombro que un cascarudo de esos amarillitos me pegó en la pupila y me dejó ardiendo de una forma insoportable. Me metí, era un bar, oscuro, frío, tendría aproximadamente dos mesas, o tres, había una que no se si contaba como mesa, en realidad estaba rota, pero era una mesa, o sea, había dos mesas que estaban siendo utilizadas y esa, la tercera, que según como se mire era una mesa, pero no era una mesa con el significado de un bar, a ver, no se si me explico, bueno, pasemos a la barra, era una barra común, desgastada, con hongos propios de la humedad, pero el olor de aquel lugar no era a humedad si no similar al aroma de la lluvia antes de llegar, tierra mojada que le dicen, el cantinero pasaba un trapo, limpiando la superficie. En una de las mesas había una mujer, muy particular, con la mirada fija en su vaso de vino, su cara poblada de arrugas y su vestimenta deteriorada. En la otra mesa estaba Moisés sobándose el brazo, me acerco al cantinero, saco la caja para buscar esos $10 y el tipo la mira perplejo.
- no señor, usted no necesita dinero aquí – me dijo mientras sacaba una botella de whisky de una repisa avejentada que era ocupada por unas cuantas botellas llenas de tierra.
Sirve tres vasos y me hace señas de que lo siga, sale de atrás de la barra y se sienta en la misma mesa donde estaba Moisés.
- ¿Ustedes están seguros de lo que están haciendo? – nos preguntó mientras miraba a su alrededor como si no quisiera que nadie lo escuche, como si, aparte de la mujer de la otra mesa hubiera habido más personas.
- No – dijo Moisés mientras le daba un soberano trago al whisky.
- Ya traigo la botella – rezongó el tipo mientras se levantaba y se iba para la barra.
- En realidad no se si estamos seguros, ni siquiera si sabemos en lo que nos metemos, yo conozco a Moralez, hasta ahí puedo ser conciente del peligro que corro y de que moví aguas que no tendría que haber movido, están pasando cosas que yo no imaginaba – le expliqué y probé, talvez la bebida más exquisita que había probado en mi vida.
- No se quien es Moralez, y todavía no han pasado nada, ustedes son ahora dos hombres comunes, inexpertos, débiles, en síntesis, unos pelotudos, pero a medida que puedan seguir este viaje, el cual puede terminar ya o llegar a su fin, van a adquirir herramientas y conocimientos que los van a ayudar y mucho, tienen que ser concientes de que no volverán a ser los mismos.
- ¡Hurra! – gritó Moisés, quizás no se sentía conforme de quien era, por otro lado, ya había tomado cuatro vasos de whisky, a decir verdad, no se si yo tampoco estaba conforme con lo que me tocó ser.
- Pero, ¿usted quién es? ¿qué significa este bar? ¿Cómo puede estar tan bueno esto que estamos tomando? – cuestioné con la lengua un poco fuera de control.
- Yo soy el guardián del medallón, sabrás que el medallón solo es el primer indicio, el medallón no significa nada más que una señal, su poder es ínfimo puesto al lado de la… - volvió a mirar para todos lados, se acercó para hablar más bajo – Remolacha Suprema.
Un silencio espectral invadió el bar, bueno, el silencio había sido siempre espectral, salvo que Moisés dejó de cantar “cachete con cachete, pechito con pechito” y se volvió a sentar en su silla.
- ¿La remoqué suqué? – preguntó Moisés tratando de apollarse con un codo en el borde de la mesa.
- Lacha prema – le dijo el cantinero y nos siguió explicando – este es un bar solo para viajeros especiales, esa mujer que está en la otra mesa es doña Jovita.
- Pero ¿doña Jovita no es un hombre? ¿Y qué tipo de viaje está haciendo? – pregunté mirando a la vieja, si, era doña Jovita.
- Ningún viaje, pero me hace cagar de risa cuando no está borracho - el tipo nos seguía sirviendo whisky y la botella siempre tenía el mismo nivel de liquido.
- Y este whisky, en ningún lugar van a encontrar esto, esta botella produce un whisky que al tomar contacto con la lengua transforma su sabor y es imposible que no sea sabroso para cualquiera, ahora váyanse, tienen que llegar urgente al hotel Eden de La Falda, no les puedo explicar lo que los espera allá, no voy a decir una palabra más, salgan de aquí y encuentren la forma de llegar antes del mediodía de mañana.
Agarré a Moisés y lo saqué de ahí, estaba acelerado pero su cuerpo no respondía, apenas salimos vi pasar uno de los coches de los hombres de Moralez, seguro que detrás vendría otro. Cruzamos corriendo, bueno, yo corriendo y Moisés colgado de mi cuello, aparece otro de los vehículos a gran velocidad y al vernos se nos tira encima, me tiro a un costado y a Moisés se le pasó el pedo del susto, el auto frenó y empezó a hacer marcha atrás, corrimos hacia el pueblo nuevamente, comenzaron los disparos. La gente empezó a cerrar las ventanas y las puertas, bajamos hacia el río, mientras cruzábamos Moisés vomitó, en mi pantalón, y se sucedieron los disparos, estaban muy cerca, por suerte no tenían puntería, por el otro lado corrimos hasta el balneario donde el pibe nos dio la cajita y lo vimos, nos hizo una seña y nos metimos al agua, Moisés haciendo bomba, obvio.
El muchacho nos hizo meter dentro de las compuertas del vado, abajo del agua, y ahí nos quedamos, rogando que no nos encuentren, Moisés se veía relajado, con los ojos a medio cerrar y algo salió flotando a su lado, algo marrón, entonces nos invadió un terrible hedor. Efectivamente, Moisés no eligió mejor lugar para cagarse que ese, cerrado, con poco oxígeno y sin posibilidades de salir, cuando empiezo a dudar si era el compañero que necesito, otro sorete emerge. El viaje va a ser duro ¿Serémos los indicados?